Paris Dakar en bicicleta

Octubre 12, 2009 por diarioenbicicleta

Tomé un avión desde Amsterdam hacia Barcelona, y después de una inolvidable tarde y noche con los amigos, llegué a lleida (también conocida como Lérida) a encontrarme con el grupo de ciclistas al París-Dakar. Yo no empecé esta ruta desde París. Yo estaba en el Perú en un congreso de arqueología y linguística organizado por la universidad Católica de Lima y la Universidad de Cambridge. Me uní a la carrera dos semanas después de haber empezado. Es decir, un 21 de setiembre. El grupo estaba tomando un refrigerio en una Plaza en Lleida. Yo llamé por teléfono al médico del grupo, el enfermero Didier Fobé, quien me dio la dirección del lugar donde los ciclistas se encontraban. Allí vi al grupo de 25 ciclistas y a mis viejos amigos Ewald, Rob y Bonné.

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Para mí fue un verdadero reto empezar a montar la bicicleta aquel primer día. Ellos tenían la ventaja de haberse iniciado en París, mientras todavía andaba con los músculos fríos. Primera noche La primera noche pernocté en Riba Roja del Ebro, a orillas del río Ebro, en la región de Cataluña. El camping no tenía nada de especial, sólo un bar y duchas y baños, el resto era pura tierra blanca con desperdicios. Qué delicioso es hablar tu propio idioma, aunque no estés en tu país. Escuchar a la gente hablar tu lengua y entenderla. Aquella primera noche conocí un poco más a los ciclistas, aunque debo confesar que todavía me cuesta aprenderme sus nombres y ubicar las caras. A la primera que reconocí fue a Hannelore Grill, la sueca, de quien ya escribí en el blog, una señora de 59 años que lleva montando desde los primeros días de agosto desde Estocolmo hasta Dakar. Contraria a la imagen que uno pueda tener basada en fotografías, ella tiene los cabellos crespos y negros, con rulos, muchos rulos. Ella fue una de las primeras en saludarme.

-Soy Hannelore.

¿La famosa?, pienso, ¿la que salió en los periódicos suecos?

Sí, la que está andando en bicicleta por más de seis semanas.

Después de esa noche en el camping en Riba Roja del Ebro, resuelvo subir a la bicicleta. Mientras trepo la montaña me cruzo con Hannelore. Ella toda pequeñita en su Mérida roja de carrera, me dice que los dueños de esa marca de bicicletas se la regalaron para que haga propaganda. “La condición es que cuando llegue a Dakar regale la bicicleta a la comunidad de mi hija adoptiva”.

Ella, me explica, tiene cuatro hijos. “Una de mis hijas es periodista. Ella se encargó de ayudarme a cumplir este sueño. Ella tiene una novia uruguaya que me tomó algunas fotografías para este viaje”. Me quedo pensando.

Ese primer día anduve varios kilómetros. Claro que mi ritmo no está al mismo que el resto del grupo. Esa noche dormimos en Mas de las Matas, en un camping de unos españoles que dicen que el norte de España es Europa.

“Sí, pues, cuando los europeos vienen nos dan mucho trabajo”.

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Aquella noche llovió. Segundo día Andar en bicicleta es todo un arte y el segundo día me tocó una de las etapas más difíciles. Todos me dicen: “Has elegido los mejores días para empezar a andar en la bicicleta”. Yo prefiero no decir nada. Ese día me toca atravesar cuatro pasos de montaña. Eso quiere decir: subir y bajar cuatro picos. Empecé muy bien. Terminé también bien, con todos los músculos en mi sitio. Didier nos preparó un refrigerio en un poblado muy hermoso, sobre la cresta de un cerro. Felizmente no llovió en serio y conseguí subir todas las montañas. Las rodillas siempre son una parte delicada. Mis rodillas están bien, aunque podrían joderse. Tercer día A pesar de ser tan corta la etapa, ochenta kilómetros (80km), me agoto del hambre. Wilbert siempre dice que lo peor que le puede pasar a un ciclista es morirse del hambre, pues eso significa que todas tus energías se agotaron.

En ese trajín, subiendo y bajando montañas nos acercamos a las serranías de Albarracín. Qué hermoso poblado. Su serranía sembrada de pinos y abetos, y rocas rojas y enormes como animales prehistóricos. Albarracín fue antiguamente un Castillo rodeado de murallas, con callejas que trepan y bajan entre los edificios medievales. Día de descanso Cuenca a 107 kilómetros. La primera parte atraviesa cañones y trepa montañas. La mañana es fría. A treinta kilómetros antes de Cuenca hay un pueblo llamado Uña. ¿Alguna relación con Oña y Cuenca en el Ecuador? Quizás una copia callada de España a América, una forma de conquista. Curioso. En Cuenca nos quedamos dos noches. Todos descansando de los kilómetros recorridos. Unos primeros días llenos de anécdotas y experiencias.

Mi ranking: Riba Roja – Mas de las Matas 70 km Mar de las Matas – Allepuz 105 km Allepuz – Albarracín 88 km Albarracín – Cuenca 70 km Cuenca – Alarcón 94 km Alarcón – Mesones 84 km Mesones – Alcurza 138 km Alcurza – Granada 85 km Granada – Antequerra 80 km Antequerra – Ronda 98 km Ronda – Algeciras 40 km Total : 952 km Domingo 4 de octubre de 2009 Estamos a punto de cruzar el Estecho de Gibraltar, desde Algeciras. A punto de empezar una aventura en un continente nuevo, en una tierra prometida: A-F-R-I-C-A

Hoy en la bicicleta me preguntaba ¿qué se espera al cruzar a una nueva tierra? No tengo ni idea. Mi imaginación no puede volar tanto. Tengo en la cabeza fotografías, prejuicios y quizás un poco de historia, pero no más, esta historia debo vivirla. Mañana es el día, lo sé. Mañana entro a territorio nuevo. Primero a Marruecos, luego el Sahara occidental, Mauritania y Senegal. ¿Montañas, desiertos? Estos dos últimos días, desde Granada, el calor sobrepasó los treinta grados. En bicicleta es todo un ritual. Mi piel se calcina al trepar las montañas. Espero seguir en contacto, amigos blogueros !!!!

La próxima parte será desde Marruecos, África!

Viernes 9 de octubre de 2009

Entrar al África es ingresar a un mundo totalmente desconocido. La frontera entre Ceuta y Marruecos es un mercado de dirhams (moneda nacional marroqui), mujeres cargando víveres y gente intentando dirigirte para que cruces la frontera. Aqui el idioma cambia, la cultura tambi´rn, todo o es árabe o es francés, y las mujeres usan la burka, con faldones largos, y los hombres en su mayoría el bigote. Mis primeras impresiones. Las sensaciones son extrañas, por no decir raras.

Andamos en bicicleta por una gran avenida a lo largo de la costa. Me recuerda sin querer al norte del Perú: a Piura y sus algarrobos, a Chiclayo y su sequedad. Las casas, los edificios bien construidos, de colores vivos, algunos blancos con techos azules, a lo largo de un malecón que mira al Mediterráneo. Camellos a medio camino y sus dueños cobrando por una foto. Carrizales, gaviotas, autos que no respetan las señales de tráfico. Mis compañeros ciclistas asustados. Contrario a lo que muchos puedan imaginar, Marruecos no es un desierto. Yo anticipe antes de cruzar hacia este continente a Marruecos como un país sumido en la aridez, demasiado caluroso. Lo del calor es verdad, hace algunos días alcanzamos fácilmente los 40 grados mientras andábamos en la bicicleta; pero la aridez no es tal como la imagine. Mientras nos alejamos de la costa en dirección a la ciudad de Fez entramos a bosques de pinos, eucaliptos, pastos silvestres. Hay mucha gente a lo largo del camino, niños vendiendo fruta, hombres sentados al lado de las señales de tráfico en espera del autobús (sin parada), mujeres cargando a sus niños, hombres pastando a sus ovejas. Trepamos alguna montana, los niños salen de la escuela y juegan a perseguirnos o a tirarnos piedras pequeñas. Nosotros continuamos en la bicicleta.

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Una de las cosas que más llaman mi atención es la cantidad de hombres en las calles, en los cafés, en los restaurantes. Es sin duda una cultura patriarcal donde extrañamente se ven mujeres en las calles, sobre todo en horas de la noche. A ellas se les ve cerca de sus casas, con sus familias. A ellos en el campo pastando las ovejas o tomando el sol panza arriba. A medio camino hacia Fez nos detenemos varias veces en la bicicleta a tomar un café o una coca-cola. Entramos a la tienda o restaurante de turno y hombres y niños están jugando o al futbol de mesa o a las cartas. Aquí no venden alcohol, los mayores fuman hashish. Aquí sirven buen café, negro o con leche. Y una gaseosa llamada Hawai. Estos primeros días en Marruecos es un encuentro con cierta parte de mi. No dicen acaso que los viajes son un encuentro con uno mismo? Seguro los ciclistas viven esa parte con cierta nostalgia o melancolía, pues este es un mundo desconocido para la mayoría de ellos. Yo no sé si decir lo mismo, pues hay algo que me es familiar en Marruecos.

No sé si es la naturaleza que me rodea, los recuerdos que me inspiran o el caos vehicular. Debo confesar: es el caos vehicular que para mí es un juego sobre la bicicleta. Me divierte que me toquen el claxon, que los autos pareciera que me fueran a atropellar (cuando no), que se pasen la luz roja sin mirar. Me motiva a la gente cruzándose en las calles, corriendo de un lado a otro con bultos y cestos de fruta, y las mujeres diciéndote bonjour madame o mirándote serias, reserias. Y los hombres lanzándote chiflidos porque nunca han visto a una mujer con pantalonetas en bicicleta. Una aventura que empieza en el África y todavía va a durar un mes más. Para que volver si todavía tenemos unos cuatro mil kilómetros hacia Dakar.

La primera mujer en dar la vuelta al mundo en bicicleta

Julio 9, 2009 por diarioenbicicleta

Ahora en las fechas del Tour de France tengo una historia de bicicleta para compartir. Esta es la historia de la primera mujer que recorrió el mundo sobre dos ruedas a cambio de diez mil dólares; una americana que en 1894 agarró su bicicleta de acero de 19 kilos, porque claro en esos tiempos las bicicletas pesaban el doble de hoy, y se enrumbó a dar la vuelta al mundo. Ella era Annie Cohen (Annie Londonderry), una mujer con tres hijos, que lo dejó todo por la bicicleta.

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 ¿Qué llevó a Annie a darle la vuelta al mundo en unos tiempos en los que las mujeres no tenían derechos y se dedicaban sólo a la familia? La respuesta es simple: una apuesta. Dos socios de un club bostoniano le propusieron a Annie recorrer el mundo en bicicleta en 15 meses a cambio de diez mil dólares. El monto no era nada malo considerando que en esos tiempos un salario anual era de mil dólares. Diez mil le alcanzaría para muchos más. En esos tiempos y con la necesidad de Annie por mantener a su familia, tenía tres hijos por alimentar, Annie decidió bicicletear alrededor del mundo.

 Annie debía empezar su recorrido sin un centavo en el bolsillo. Los socios del club bostoniano rieron cuando Annie aceptó la apuesta. Ellos no esperaban mucho de una inmigrante judía lituaniana de 1.60 metros de longitud, que encima era bella y carismática.

Pero Annie no era ninguna tonta. Andar en bicicleta sin un centavo en el bolsillo era insensato, por supuesto, sobre todo en países lejanos; ella buscó la manera de agenciarse con dinero antes de dejar los Estados Unidos. Por fin vino una oferta del New Hampshire Londonderry Spring Water Company. Esta compañía le ofreció 100 dólares si prometía hacerles publicidad en su bicicleta, con la condición admás de cambiarse el apellido de Cohen a Londonderry. Annie aceptó encantada colocando un aviso de la empresa en la parte trasera de la bici, un letrero que decía: Londonderry, y su apellido, claro está.

 Annie partió en noviembre de 1894 desde Nueva York hacia Le Havre, y después anduvo en bicicleta hacia Marsella donde la recibió el periódico local con la frase “la valiente viajera”. En enero de 1895 tomó un barco, “Sidney”, en Marsella que la llevó hacia Egipto en África, y después por el Canal del Suez hacia el Medio oriente, para seguir hacia Colombo (Sri Lanka), Singapur, Saigón, Hong Kong y Shangai. En cada país montó la bicicleta, pero también –y hay que ser sinceros- se ayudó de otros medios de transporte. Ella sabía que tenía 15 meses para recorrer el mundo; debía, evidentemente, ir a los países y ciudades que los socios de Boston le habían señalado. La condición era ganar la apuesta sin importar mucho los medios.

Mientras más largo se hacía el viaje, más eran las historias de Annie. Su bicicleta pasó de ser una armadura de hierro a un vehículo de propaganda en el mundo. Fotógrafos y periodistas añadían ficciones a sus historias, como por ejemplo, sus tiempos de encarcelada en China, cosa nada cierta, y sus amores con un japonés.

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Los dos últimos meses de su viaje Annie llegó en barco al Lejano Oeste vía Arizona, Nuevo México y Texas. Su punto final era Chicago donde le esperaban los diez mil dólares de la apuesta. Y así fue, ella recibió el dinero de manos de los socios de club neoyorquino; gozó algunos años más de su fama (llegó a ser periodista) por ser la primera mujer en recorrer el mundo. Cuando Annie Londonderry murió en 1947, mucha gente ya había olvidado su nombre. Su historia quedó en el archivo pero no en el olvido, porque después de ella hubo muchas mujeres que también han recorrido el globo en bicicleta.

Idiomas del mundo. Nuestro patrimonio

Marzo 31, 2009 por diarioenbicicleta

Diarios de bicicleta no es solo un diario de viajes sobre la bicicleta, sino también comentarios a los lugares y temas que voy viendo a lo largo de mis recorridos por el mundo de la cultura, la ecología y otros parajes. Uno de los últimos temas que llamaron mi atención es la desaparición de las lenguas o idiomas en el mundo. La Unesco publicó un mensaje a principios del mes de marzo en el que anunciaba la desaparición de 2400 idiomas en el mundo, 62 de los cuales están en el Perú.

 

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La noticia llegó a mi pantalla cuando abrí la computadora y vi las noticias sobre el Perú: “62 lenguas en el Perú en peligro de extinción”, decía el titular, y los comentarios se centraban sobre todo en las dos lenguas nativas más habladas de nuestro país: el quechua y el aymara. Días después le comenté el tema a un profesor en lenguas amerindias. Y cuando le pregunté ¿cuántas lenguas se hablan en el Perú? No pude evitar sentir estupor, desgaste, desánimo, impresión, porque la respuesta del profesor fue “63 lenguas”. En el Perú se hablan 63 lenguas de las cuales 62 están a punto de extinguirse.

 

Hace un año tuve la oportunidad de recorrer algunos pueblos de la región de Moquegua al sur del país. Moquegua es una región de la que se escucha poco. Es una región con valles y mesetas andinas, un lugar propicio sin duda para la exploración. Mi sorpresa fue que allí se hablan el quechua y aymara, y el aymara que se habla allí tiene un acento distinto al de Desaguadero en Puno.

 

Fui con un estudiante de la Universidad de Amsterdam a hacer un estudio de campo a un lugar llamado Muylaque, a ocho horas en bus desde la ciudad, por un camino que atraviesa las mesetas andinas. Nuestra misión era “¡hablar aymara!” (yo solo sabía decir dos o tres frases, mientras que el estudiante de Amsterdam hablaba más aymara que español).

 

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Lo que más llamó mi atención fue que al llegar al pueblo todos saludaban o en español o en un mal inglés. Nosotros habíamos practicado días antes el saludo aymara para introducirnos de alguna u otra forma en el pueblo. La gente nos decía “hello” y nosotros respondíamos “maraptis”. Nosotros decíamos “simpikay” y ellos se quedaban callados. Tardamos dos o tres días en ganarnos su confianza…poco a poco los pobladores, sobre todo las señoras, empezaron a sonreír, incluso a reír con nuestro saludo. Era lógico: ellos jamás imaginarían que unos ‘gringos’ iban a hablar su idioma nativo y menos aún que querían aprenderlo. Mientras ellos querían aprender inglés, nosotros el aymara –vaya ironía.

 

En Muylaque la señora de mayor edad tenía 101 años. Ella solo hablaba el aymara y apenas podía escuchar: la única monolingue del pueblo, es decir, no habla castellano. Un día la vimos llegar con unos zapatitos rotos caminando a la plaza, que por supuesto era el centro social del pueblo. Nosotros queríamos evidentemente hablar con ella, pero apenas pudimos, debido a su sordera, pero la cantidad de señoras y señores que empezaron a rodearnos aquel día fue impresionante. De pronto, todos querían enseñarnos su idioma. De pronto todos querían saber por qué nosotros queríamos aprender aymara.

 

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Uno de los asuntos que más nos sorprendieron a Matt y a mí fue que todos en el pueblo estaban emocionados por nuestro interés en aprender su idioma. Nos invitaban a sus casas, mataban cuyes para nosotros, nos servían cervezas y mates del campo. La gente mayor del pueblo nos atendía sin recelo, nos ofrecían entrevistas para enseñarnos su idioma e invitaban los frutos de sus chacras. Pero la mayoría de ellos no podía evitar preguntarnos: ¿Cómo se dice “Hola” en inglés? Nosotros deciamos “Hello”, entonces allí venía el intercambio, de una lengua a otra sin ningún recelo.

 

No era un problema para ellos comunicarse en su idioma, más bien divertido vernos a nosotros intentar pronunciar las palabras más difíciles y largas. El aymara es una lengua que puede contener en sus palabras cinco consonantes seguidas. ¿Difícil, no? Una complicación pronunciarlas.

 

Lamentablemente, la gente joven del pueblo no deseaba decir palabras en aymara ni ayudarnos ni colaborar con nuestra investigación. Se avergonzaban de su origen étnico y lingüístico, nos preguntaban qué interés tienen ustedes en aprender aymará. Algunas señoras nos decían: “Ellos sí saben hablar aymara pero les da vergüenza, para ellos hablar el idioma nativo es cosa primitiva y antigua. Quieren aprender el inglés”.

 

En el colegio no les enseñan ni el profesor sabe hablar la lengua nativa, tampoco los médicos de la posta que necesitan un traductor cuando atienden a monolingues que no saben hablar el castellano. ¿Qué sucede aquí entonces?

 

Es natural que en estos tiempos la gente quiera aprender las lenguas que se hablan a nivel mundial, todos queremos globalizarnos y formar parte del sistema, sin embargo la pregunta que se plantea uno siempre es ¿significa eso dejar “lo propio”?

 

Así como los restos arqueológicos son patrimonio cultural de la nación, pienso que es hora de considerar también las lenguas autóctonas como parte de ese patrimonio. Hay peligro de extinción. Ojalá la noticia de la Unesco haga recapacitar al ciudadano de a pie y tomemos medidas que fortalezcan nuestra cultura nacional y además la reconcilie, porque he de confesarles una cosa: el día que empecé a hablar más palabras en aymara (o quechua o kulle o pukina) descubrí que hay otro mundo detrás nuestro que nosotros desconocemos, y que lleva a comprender mejor la historia y la ideosincrasia de nuestro país…no somos una sola identidad, sino muchas, y sin querer nos estamos forzando a ser una sola.

La feria de las bicicletas en Amsterdam

Marzo 4, 2009 por diarioenbicicleta

Con esta entrega damos inicio a Diarios de bicicleta. Pero, ¿de qué trata? Es un blog dedicado a las historias de viaje sobre dos ruedas, como ir con cámara en mano por las trochas y las carreteras del mundo hacia lo confines más remotos. Un blog que escribe sobre aquella pasión que a nosotros nos desborda. Tomar el bus, el avión, el auto, andar a pie o en bicicleta, es cuestión de personalidad. Un espacio dedicado a las historias de viajeros del pasado, del presente y el futuro que con o sin bicicleta se atreven a descubrir nuevos continentes. La bicicleta, en este caso, es solo un vehículo, lo importante es andar, pero para nosotros nada mejor que en ella.

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Hace poco tuve la oportunidad de asistir a una feria del turismo en bicicleta en Amsterdam, en la que participaron más de 400 empresas de todos los Países Bajos. En la feria se podían ver desde tiendas para artículos en bicicleta y compañías que organizan viajes por Europa, África, América, Asia y Australia. Muchos de estos participantes venden sus ideas por amor a la bicicleta. Este es su tiempo, este su hobbie.

Mucha gente llegó a la sala de convenciones de la RAI en Amsterdam en busca quizás de las vacaciones de sus vidas. ¿Cuántos de ellos van con el interés de realmente encontrar una oferta interesante? ¿Cuántos solo con la intención de ver las últimas novedades en artículos especializados, es decir, para bicicletas? ¿Cuántos solo por curiosidad? Los stands varían desde las empresas que ofrecen paseos por los canales de Amsterdam hasta rutas por la Muralla China.

Uno de los stands que más llamó mi atención fue Whike (www.whike.com). Una organización que creó una bicicleta que también es una mezcla entre velero y bicicleta. No funciona solo a pedal sino también con viento. Tiene tres ruedas y una tela alta que captura el aire y ayuda a capturar velocidad. Por eso se llama whike (wind+bike) porque tiene un potencial natural. El creador de Whike dice que quiere llevarla a las Olimpiadas y además de paseo de París a Dakar (Africa) por la ruta del famoso rally automovilístico, allí en medio del desierto. Dice que su creación fue producto de su imaginación, pues es el dueño de una tienda de veleros y bicicletas. Un día se le ocurrió unir los dos elementos: los pedales y la vela y hacer whike que ahora es una realidad.

Otro de los stands más alucinantes fue el de “En 7 días 700 kilómetros por 4 países”, los Duchenne Heroes (www.duchenneheroes.nl) , un grupo de ciclistas que organiza un viaje desde Luxemburgo hasta Holanda, pasando por Bélgica y Alemania. Ellos dicen haber organizado un reto. Cada año consiguen ganar en dinero más de un millón de euros (!). Su intención es reunir fondos para niños y adultos discapacitados. Su stand tiene el olor a tierra que se disfruta en el ciclismo de montaña (que aquí no se practica mucho).

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El stand que más impresionó fue Bike Dreams (www.bike-dreams.com). Sus maratónicos viajes de 11 mil kilómetros por Sudamérica o 7.200 de París a Dakar produjeron más de una reacción, como el típico “¡Están ustedes locos!”. Más de un hombre decía: “yo ahorita me iría con ustedes pero mi mujer no me deja”. Los creadores de Bike Dreams promocionaron sus larguísimos viajes con libros fotográficos y videos -y unos riquísimos dadels. Lo que ellos hacen no solo es un reto sino también un sueño.

Al lado de los stands había unas mesas donde gente de todas las edades orientaban a cualquier persona sobre las rutas que habían recorrido en bicicleta. Así había gente que narraba sus viajes por España, Francia, Tailandia, Estados Unidos, Argentina… Entonces yo me pregunté ¿y el Perú, dónde está? ¿Había alguien realmente explicando las rutas del Perú? Lamentablemente se tenía que pagar con anticipación para estar allí y yo no tenía ni un solo mapa. No había nadie explicando ninguna ruta peruana, ni en la sección de caminatas (pues también había una sección para los trekkers). A ver si al próximo año alguien se anima a promocionar nuestro país de alguna u otra forma y animamos a la gente a recorrer nuestra tierra de aventura, ¿no les parece?